Han pasado 81 años desde que Estados Unidos lanzó bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, y 81 años desde que los ayuntamientos y la ciudadanía de estas ciudades se reunieron para denunciar el bombardeo, pedir paz y exigir que nunca lo olvidemos.
Confieso que este año olvidé la importancia del 6 de agosto; estaba de excursión y tenía otras cosas en mente. En el tren de regreso a casa, me sentía agobiada, irritada e inexplicablemente descontenta. ¡Había tenido un día estupendo, viendo a amigas y amigos que no veía desde hacía 10 años!
Y entonces me di cuenta: el 6 de agosto es el Día de Hiroshima, y con ese recuerdo mi estado de ánimo cambió.
Cuando llegué a casa encendí una vela en mi altar y agradecí a los espíritus por recordármelo, y le deseé lo mejor al mundo.

Este es uno de nuestros mayores peligros. Simplemente olvidamos el pasado y no aprendemos nada.
9 agosto 1945, Nagasaki, el bombardeo atómico

El Parque de la Paz de Nagasaki conmemora el bombardeo atómico de la ciudad y exige que jamás lo olvidemos y que tomemos la iniciativa de alzar la voz y luchar por la paz. Fue establecido en 1955 muy cerca del epicentro de la explosión.
La ceremonia principal se celebra cada año el 9 de agosto en el Parque de la Paz de Nagasaki, con un momento de silencio a las 11:02 de la mañana, la hora exacta en que se detonó la bomba en 1945. Al evento asisten supervivientes de la bomba atómica, familiares de las víctimas, funcionarios gubernamentales, incluido la Primera Ministra de Japón, y representantes de todo el mundo.


No puedo decir que me sorprendiera al leerlo, pero desconocía cómo las fuerzas de la política y el conflicto influyen en estas ceremonias de paz. Este año, el punto conflictivo fue si se había invitado (o no) al gobierno de Taiwán, lo que habría demostrado favoritismo hacia China. En otros años, ha sido el conflicto israelí-palestino el que ha generado controversia.

Nunca debemos olvidar y debemos trabajar por el desmantelamiento nuclear, el fin de los conflictos armados, y podemos empezar en casa, aprendiendo a manejar nuestros conflictos interpersonales con mayor amor y comprensión.
Si no lo hacemos, ¿quién lo hará? Es importante mostrar diferentes maneras de abordar y resolver conflictos. La clase política nos están fallando a la ciudandía y a la democracia. Pero tengo fe en el pueblo organizado, en el amor y el respeto.
Gandhi dijo: «No hay que perder la fe en la humanidad. La humanidad es un océano; si unas pocas gotas del océano están sucias, el océano no está sucio».
Existen muchas iniciativas valiosas que buscan brindar soluciones noviolentas a las crisis globales y locales.
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