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Hiroshima y Nagasaki

Viaje atómico en el tiempo: Hiroshima y Nagasaki

Hace 80 años, Estados Unidos lanzó bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima (6 de agosto) y Nagasaki (9 de agosto).

Hoy y el sábado, residentes, sobrevivientes y ciudadanía preocupada de todo el mundo se reunirán en los parques conmemorativos de la paz de estas dos ciudades (y en otras partes del mundo) para instar a los líderes mundiales a aprender de las tragedias de la historia.

Si bien es posible que no estemos viviendo una “Guerra Mundial”, guerras, conflictos armados y violencia asolan muchas partes del mundo, y deberíamos estar inquietantes por la rapidez y facilidad con la que algunos políticos amenazan con usar armas nucleares.

También preocupante, en marzo de este año, la UE instó a la población a almacenar suficientes alimentos, agua y artículos esenciales para 72 horas como parte de una estrategia que busca aumentar la preparación ante catástrofes naturales y ataques militares. La llaman “Estrategia de Preparación de la Unión para prevenir amenazas y crisis emergentes y reaccionar frente a ellas”.

Alemania y los países nórdicos distribuyeron folletos de información pública y diseñaron aplicaciones que aconsejaban a la gente qué hacer en caso de un ataque militar u otra crisis nacional.

No estoy en contra de prepararnos para desastres naturales. He vivido en zonas propensas a terremotos, huracanes, inundaciones y tormentas de nieve, así que comprendo esta realidad. No estoy a favor de normalizar los niveles extremos de violencia. Desde mi perspectiva, necesitamos una ciudadanía más instruida en la resistencia noviolenta a las malas políticas y la astucia empresarial que gobiernan el mundo. ¿Cuándo vamos a empezar a prepararnos, aprender y vivir para la paz, en lugar de la guerra?


Volviendo a Hiroshima y Nagasaki y bombas atómicas.

La primera vez que visité Hiroshima, no salí de la estación de tren.

Volvía a casa después de una semana de formación en Kobe. Colegas que conocían Hiroshima me habían sugerido lugares para visitar y consejos para como desplazarme por la ciudad. Mi billete de tren me permitía parar en estaciones de camino a mi destino. ¿Por qué no parar y dar un paseo?

Era otoño, soleado y agradable. El sentarse y sudar de verano había terminado. Llevaba unos tres meses en Japón. Apenas había empezado a trabajar en el programa JET (Programa japonés de intercambio y enseñanza) en el condado Hioki-jun y vivía en el pueblo Ijuin-cho. Algo diferente me haría bien.

Bajé del tren con mi mochila. Me senté a mirar las notas de mis colegas y, en un momento dado, levanté la vista y me fijé dónde estaba y qué pasaba a mi alrededor. Me encontré en el aquí y ahora.

¡Guau! No, gracias.

Me di cuenta de que si aquietaba mi mente de “hacer y planificar” y me concentraba en estar en mi cuerpo, me inundaban sentimientos de tristeza, incomodidad, lágrimas en los ojos y un nudo en el estómago. El solo hecho de tocar tierra en Hiroshima había llevado mi corazón a recorrer la ciudad, a la zona cero, a la famosa Cúpula de la Bomba Atómica (un antiguo edificio de oficinas gubernamentales) y a conocer a las víctimas del bombardeo.

También la semana anterior había sido intensa y ajetreada. De hecho, todo se sentía intenso y ajetreado, o super lento y solitario. Estaba viviendo choques culturales.

Llegaría un momento en que Japón se sentiría cómodo, como una segunda piel, pero aun así.

Así que, aunque tenía curiosidad por visitar Hiroshima, no tenía la conexión corazón-mente para ahondar en esa trágica historia ese día. Y eso estaba bien. Buena curiosidad y ganas de sentir y aprender todo sobre el nuevo lugar donde vivimos, significa también tener ese mismo interés por nuestro mundo interior.

Cuando llegó el siguiente tren, me subí y me fui a casa.

Con el tiempo, visitaría Hiroshima y Nagasaki varias veces, tanto por trabajo como por placer.

Son ciudades hermosas, conmovedoras e inspiradoras. El bombardeo fue una tragedia horrible, pero las ciudades se reconstruyeron y el calamitoso suceso sirve como recordatorio para no olvidarlo nunca y como punto de encuentro para unir voces y decir “¡Nunca más!”.


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