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Las primeras palabras de Palomitas – clown 4

Viajes por tierra, aire y mar

¡Jo, jo, jolín!

¿Qué pasa aquí?

El otro día vi a Bill Gates hablando de la pandemia de la enfermedad del coronavirus. Sabes que el mundo está patas arriba cuando un friki de los ordenadores da tertulias sobre la salud pública.

Ahora, más que nunca, cuando el mundo está en problemas, es la hora de las payasas y payasos. Pero no he podido ir a mi clase de clown en un mes.

No he podido ir a mi clase de clown en un mes

Primero porque estaba en los Estados Unidos, era una visita familiar. Fui a presentarlos a Palomitas de Maíz y más bien porque hacía años que no los veía. Como es invierno en mi tierra natal, casi toda la familia se encuentra en Florida. Son lo que llamamos pájaros de nieve (“snow birds”), las personas que escapan el frío de invierno hacia territorios más templados.

Y en segundo lugar porque la clase ha quedado suspendida por el estado de alarma que está pasando en toda España.

Volví sin problema pero temía quedarme atrapada allí y entonces bebí de la fuente mágica y aprendí a convertirme en sirena. Estaba lista para nadar hasta casa si fuera necesario. No lo fue. Todavía KLM tenía vuelos y había muy poca gente. Tenía toda una fila de cuatro asientos para mí.

Bebí de la fuente mágica y me convertí en sirena

De vuelta, en casa

Gracias a mi payasa y mi práctica de “mindfulness” la presencia plena) y porque quiero mucho a los seres vivos con quienes comparto la casa y porque es un piso amplio con terraza y porque tenemos nuestra salud, estoy bien. Tenemos comida, agua y hasta el momento dinero suficiente para pagar las facturas mensuales. No puedo quejarme de nada.

De hecho lo estoy tomando como una oportunidad de fortalecer mis practicas de creatividad, meditación y preparar para la lucha social que anticipo después de que se acabe el estado de alarma. O sea, la misma lucha social de antes y de ahora: resistir a los actores que ponen a las ganancias por encima de las personas.

Una oportunidad de fortalecer mis practicas

Me da una rabia tremenda ver a los trabajadores de salud hacer su trabajo sin equipo de protección y aparatos adecuados y estoy más agradecida que nunca a las personas que limpian las calles y nos proveen la alimentación.

La payasa al servicio del público

Soy payasa pero no soy tonta y lo que está pasando en el mundo con esta enfermedad por coronavirus no es “normal” ni en lo que llamamos el mundo normal, o sea cuando no estamos en cuarentena.

Tampoco soy ciega y veo que hay gente en mi barrio inquieta y apagada. Andan con la cabeza gacha, sus ceños fruncidos casi llegando al suelo. Algunas están tan cabizbajas que la mascarilla les tapa la cara. Parecen estar en su propio mundo y no parece ser un mundo divertido y en constante flujo emocional como el mío. Así que he decidido invitarlas a mirar un poco el mío y cambiar de ánimo.

La primera vez que Palomitas de Maíz salió a la calle era un día normal del nuevo normal. Didi – de toda la vida – iba a salir con la perra a pasear. Me puse la chaqueta y metí unas bolsas para la caca en el bolsillo Y como mis profesores de clown nos han enseñado, allí también estaba la nariz roja. Siempre a mano. Nunca se sabe cuando uno la necesitará.

Atrapadas en el mundo de covid

Y sin pensarlo ni un segundo, me la puse y salí a la calle. Era un sábado soleado, estaba contenta de estar en casa y no en los EEUU y saludé a todo el mundo con una voz alegre y desde mi corazón: “Feliz sábado, compañero” o “Qué bonito día compañera, ¿verdad?” Esta primera salida logré lanzar unos saludos y comentarios como “Qué guapa mascarilla” y “¿Te gusta la mía?” con aspaviento con la mano a mi nariz.

La payasa también atrevió interactuar con gente esperando para entrar a las tiendas. No lo pensé, simplemente liberé mi dialogo interno y curiosidad para hacer frente al desasosiego. Dije (por ejemplo) “Mira tanta gente bonita y con tanta paciencia. Quieren entrar al súper para comprar comida, me imagino que algunas tendrán hambre, verdad? ¿Alguien tiene hambre?” Poca gente me contestó, que tampoco me sorprendió e improvisé con saludos y piropos. Y me divertí, que para mi es lo más importante. Y no ofender. Busco acompañamiento y sonrisas.

Busco sonrisas

Ayuda a mi misma

Y así ha sido mi debut con la gente de mi barrio. Poco a poco y no todos los días, ni sé cuando pero a veces Palomitas me pide salir y con toda confianza la dejo encargada de la perra o la compra. Lo hago porque me gusta muchísimo y porque creo que el humor y otros puntos de vista están al alcance de todos y si podemos alejarnos, aunque sea por unos minutos, un poco de nuestras preocupaciones será bueno para nuestra salud. Mi intención más que nada es darnos una sorpresa agradable durante este tiempo de incertidumbre. Recordarnos que lo inesperado puede ser un regalo.

He observado también en estos días como la gente evita mirarse y siento que nuestras relaciones humanas están alejándose. Es una indicación del miedo que tenemos por la situación sanitaria y del rápido que asumimos la rigidez de las autoridades a la mente y el cuerpo. Augusto Boal lo llamaba la policía en la cabeza y en mi segunda salida lo viví también.

Estaba caminado por la calle como una persona normal con nariz roja, o sea como una payasa, y a lo lejos vi a dos policías a pie caminado hacia mí. Recuerdo claramente que levanté la mano para quitarme la nariz y al instante me dije “¿Qué haces? Absolutamente nada. Estás paseando la perra. Tranquila. Te pones la nariz porque buscas una manera para desarrollar relaciones con la gente. Los polis también tienen necesidad del calor humano en estos días.” Seguramente que sí pero tampoco soy fanática de conversaciones formales ni casuales con polis y cuando nos cruzamos caminos nos saludamos y fin. Uf.

Esta experiencia me dio mucha risa de mi misma. Pienso que estoy ayudando a la gente a desahogarse y sentir su libertad y soy yo quien necesita libertad y desahogarme de la monotonía de la cuarentena. Y lo confieso: de la vida en general. Tengo mucho para desaprender.

Me dio mucha risa de mi misma

La limite borrosa entre mi payasa yo

Voy bien porque mi vida actual no está muy lejos de la vida de mi payasa. Lo reconocí el otro día cuando saqué dinero del cajero y al volver a casa decidí lavarlo con agua caliente y jabón. Era un día soleado y estaba a punto de llevarlo a tender en la terraza y me dije, “Oye, no seas payasa. Los billetes bien, pero las monedas van a caerse al suelo. Toma una toalla para la mesas y dejalas allí, dándoles vueltas para que los dos lados se sequen bien.” Y así fue (más o menos, jijiji). Luego cuando mi payasa compró algo podía asegurar al comerciante que el dinero estaba limpio y sin virus.

Y así está la cosa. Pronto os cuento más de Pop Corn y sus aventuritas de desarrollando relaciones sociales y creando resiliencia frente a esta situación que enfrentamos. Hoy es la pandemia y si tenemos suerte pronto será el mundo (lo que llamamos) normal.

Un abrazo fuerte compas y hasta ahora.

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